Carta la Director, El Mercurio, 16 de diciembre de 2023.
Señor Director:
Durante 2023 se ha producido lo que podríamos denominar un “súper año electoral”, pues se han desarrollado alrededor de 70 procesos de elecciones populares, convocando a más de cuatro mil millones de ciudadanos en las democracias occidentales, según reporta Transparencia Electoral.
En el desarrollo de estos procesos hemos visto una transformación en las formas de desinformación, pasando de ser estrategias con intencionalidad, formatos y tipologías establecidas a convertirse en desórdenes informativos que no se ubican en lo factual y que cada vez son más complejos de desmentir o chequear.
Se trata de contenidos imprecisos, opiniones, aseveraciones que, si bien no afirman hechos, se ubican entre la opinión y el carácter condicional, cuyo efecto provoca confusión y tergiversaciones en torno a las opciones electorales. La reciente franja electoral televisiva ha sido un ejemplo de esto. Más que informar a los ciudadanos, los promotores del A favor y del En contra se instalaron en una zona gris entre la desinformación orquestada y las dudas comprensibles que este proceso generó en los chilenos. Las preguntas capciosas, las frases intencionadas o sesgadas fueron un ejemplo de información manipulada con intencionalidad, lo que no ayuda a informar a los electores.
Es urgente utilizar metodologías complementarias a las de los verificadores, que contemplen dichos desórdenes informativos como otras modalidades de desinformación, que también incluyan interpretaciones imprecisas y proyecciones erróneas sin datos ni precedentes.
MARÍA JOSÉ LABRADOR
MYRIAM RUIZ
NAIRBIS SIBRIAN
CLAUDIA REYES
PEDRO ANGUITA
OSCAR JARAMILLO
FERNANDO GUTIERREZ
Observatorio Desinformación Chile